A los 9 años mi abuela estuvo a punto de perder a su padre frente a un pelotón de fusilamiento, ¿el motivo? ser liberal en épocas de un gobierno conservador. En aquel momento, lo único que lo salvó fue su cédula que evidenciaba que había nacido en un territorio tradicionalmente conservador, lo cual le hizo creer a quienes sostenían el fusil que el hombre al que tenían retenido, en realidad, «era conservador».
Mis abuelos nacieron y crecieron en el bipartidismo, ese que se formó tras años de lucha interna como «solución al conflicto». A través de él los partidos se turnaban el poder cada cuatro años por lo que era común en el pueblo que algunas personas pintaran sus casas tras las elecciones de un color diferente: azul cuando mandaban los Conservadores, rojo cuando lo hacían los Liberales.
El miedo era real, cada cuatro años alguno de los dos bandos era perseguido, juzgado, torturado e incluso as3s1n4d0 tan solo por no ser del partido que estaba al mando. Fue así como se crearon las primeras guerrillas, grupos de campesinos que estaban cansados de ser perseguidos por el bando contrario y decidieron empuñar sus armas para evitar seguir teniendo miedo.
No me voy a detener mucho en todos los años de violencia que se han vivido en Colombia, porque han sido muchísimos y los actores involucrados han sido de uno y otro bando, porque al parecer en este país, pese a todo el daño que ha traído el conflicto, aun siguen existiendo dos partidos políticos: «los buenos» y «los malos».
Entonces de ¿qué va todo esto? En realidad lo único que quería recordar es un poco de historia patria, porque a veces en medio de tanta violencia en las redes y en la tele, solo puedo pensar en el bipartidismo y lo difícil que es tener que ver a los mismos de siempre peleándose mutuamente cada cuatro años….pero últimamente, además, he notado un odio especial por aquellos que no quieren hacer parte de este absurdo conflicto, aquellos que no podemos ver el mundo como un código binario porque sabemos que el dolor de la guerra nos ha caído a todos en alguna media.
Somos aquellos que recordamos la historia de Colombia y sabemos lo horrible que ha sido vivir la violencia desde hace mas de 60 años. Somos aquellos que hemos aprendido a convivir con los dos bandos, a encontrar puntos en común y a evitar convertirnos en peones de una guerra que le conviene a otros (que de manera ambiciosa solo piensan en su propio beneficio a costa del dolor de quebrar a las familias).
Somos el recuerdo de nuestros abuelos que tuvieron que vivir con miedo, somos los que sabemos que lo único innegociable son los principios básicos de convivencia social y que además defendemos la democracia a capa y espada, aun cuando sepamos que no siempre se elegirá a quien piensa o tiene afinidad a nuestras ideas políticas.
Somos aquellos que no debatimos sobre derechos humanos, que podemos distinguir un pensamiento propio de uno impuesto através de la movilización de emociones porque…oh Dios, si algo han aprendido a hacer los politicos bipartidistas es a seguir manipulando a través de la emoción y ¿cuál es la emoción más poderosa que han descubierto para lograrlo? El odio.
El odio y rechazo a quienes consideran diferentes, porque cuando odias evades, eliminas, rechazas y segregas a todos aquellos a los que consideras «tus enemigos». Porque cuando odias no razonas, no te detienes a pensar ¿por qué odio a esta persona? Lo único que haces es leer una cédula y pensar «muy bien, es uno de los nuestros, no lo debemos m4t4r».
Somos aquellos que con desprecio llaman ahora «los tibios», como si tener pensamiento crítico y poder salir de ese conflicto impuesto fuera algo que tuviera que ser eliminado. Como si pedir garantías para seguir viviendo en democracia fuera un pecado.
No se ustedes pero ya hasta el nombre me hace sonreír, «tibios», porque ahora hasta la falta de radicalidad parece ser un peligro para esta sociedad. Pues bien, desde la trinchera de mi tibieza te tiendo la mano, te expreso mi aprecio aunque no seamos hermanos, te miro a los ojos y hasta te aplaudo que en medio de todo aun podamos hablarnos.
De un tibio a otro, desde aquí te abrazo.
