Capítulo de Podcast · Reflexión

¿Cuándo huir de “la pasión”?

Cuando iniciamos una relación de pareja, lo hacemos desde el profundo deseo de compartir durante un tiempo indefinido nuestra vida junto a alguien que nos proporcione seguridad, estabilidad y apoyo incondicional, alguien con quien podamos crecer, desarrollarnos como seres humanos, para seguir con la motivación de alcanzar nuestras metas, ahora comunes.

Sin embargo, algo con lo que nos encontramos durante ese camino de búsqueda y descubrimiento de esa persona con la que esperamos compartir nuestra vida a futuro, es que este objetivo no es tan sencillo, ni mucho menos se debe tomar a la ligera, puesto que, caer en una relación equivocada puede ser mucho peor que vivir toda una vida en soltería.

Ciertamente, las relaciones afectivas pueden terminar drenando nuestra energía vital, haciéndonos caer en depresiones profundas o simplemente afectando nuestra salud por la intoxicación de cortisol que enfrentamos al vivir en un ambiente hostil con una persona que parece más enfocada en agotarnos emocionalmente que en transmitirnos un amor profundo y genuino.

Es por esto que, aprovechando la fecha que se acerca (14 de febrero), que en varias culturas suele asociarse al día de San Valentín o día de los enamorados. Hoy quiero compartir contigo algunas reflexiones acerca del amor romántico y ayudarte a identificar “Red Flags” que podríamos tratar de reconocer sí aún estamos en este proceso de adentrarnos en una relación de pareja a largo plazo.

Para empezar, es necesario que hablemos sobre el día de San Valentín o el día de los enamorados, según la historia que podemos encontrar en páginas como la de National Geographic que dejo por este medio

Valentín era un joven sacerdote que desafió la ley de un emperador romano en el siglo III que prohibía el matrimonio entre jóvenes, para que se enlistaran al ejército, de modo que en secreto, este empezó a celebrar matrimonios y logró convertir a varios al cristianismo, hasta que fue arrestado y confinado en una mazmorra. Aparentemente, en confinamiento le devolvió la vista a la hija de su carcelero, convirtiéndola a ella y a su familia igualmente al cristianismo, antes de ser lapidado y decapitado el 14 de febrero del año 269.

Posteriormente, el consumismo del S.XX lo eligió como un día para incrementar las ventas de tarjetas, flores, chocolates y todo lo que suele asociarse a la idea sobre el amor romántico. Por cierto, aparentemente, Valentín se enamoró de la hija del carcelero y antes de partir firmó una carta para ella como “De tu Valentín”, de ahí nació la tradición de firmar las tarjetas de este día de la misma manera.

Photo by Viktoria Slowikowska on Pexels.com

Si bien no es una tradición que se celebre en todo el mundo, la globalización en la que vivimos incrementada aún más gracias al uso de internet, ha hecho que esta fecha sea reconocida en diversos países y asociada a ese mensaje en torno al romance y “el triunfo del amor” (al menos del amor materialista e interesado).

Ahora bien, si nos quedamos solo con el mensaje acerca del amor romántico promulgado en San Valentín, podemos identificar los riesgos que existen en torno a la falsa creencia sobre el amor y de la cual ya he venido hablando en las diferentes entregas; porque, para empezar, el amor romántico es solo una pequeña parte del proceso de enamoramiento y posterior compromiso de pareja. Al iniciar cualquier relación, será apenas esa puerta de entrada para descubrir y empezar a conocer verdaderamente a tu pareja, hasta que finalmente decidas que vale la pena compartir un proyecto de vida a futuro junto a ella.

Como mencioné anteriormente, durante ese proceso podemos tal vez conocer un poco más sobre nuestro interés romántico y darnos cuenta de algunas particularidades con las que deberemos lidiar y hasta aceptar si estamos dispuestos a compartir nuestra vida a su lado. Sin embargo, en otras ocasiones, algunas de esas particularidades resaltan a la vista por su toxicidad y sería una verdadera negligencia no identificarlas como causales suficientes para dejar ir a esa persona, con la finalidad de no tener que sufrir las consecuencias de adentrarse a una relación.

Algunas de estas particularidades bastante negativas o como diríamos hoy en día “red flags” para evitar dejar pasar por alto, incluso (o más bien, especialmente) durante el proceso de enamoramiento o cortejo, serían las siguientes: 

  1. Que sea una persona demasiado complaciente: Normalmente este sería un comportamiento que nos encantaría ver en la persona con la que estamos buscando una relación a futuro. Sin embargo, si durante la conquista alguien es demasiado complaciente hacia tus deseos, al punto en que parece olvidarse de los propios debemos recordar que el césped siempre suele ser más verde en los primeros minutos de la mañana, es decir, que puede ser que ahora mismo este sea solamente un falso comportamiento inicial con el que esa persona está buscando lograr tu sumisión, enamorarte y hasta obsesionarte por completo, enmascarando sus defectos a través del ejercicio de enfocarse por completo en ti.

Una persona que se ama a sí misma y que, puede equilibrar tus deseos junto a los suyos, es alguien con quien sería mucho más positivo continuar en una relación, pues sabe marcar límites y es capaz de mostrarte amor sin decantarse por completo en satisfacer tus deseos o en que tu hagas lo mismo por él o ella.

  1. Que sea una persona demasiado enfocada en sí misma: Alguien que solo habla de sus logros por alcanzar, de sus sueños y metas, que solo se encuentra en la búsqueda de sus objetivos y no demuestra interés en los de los demás, suele ser alguien que aún no está preparado (y tal vez nunca lo esté) para una relación de pareja, por lo que, del otro lado de la balanza, estarían los rasgos egoístas y egocéntricos de a quien le sea difícil ver más allá de sus propios intereses y necesidades, en este caso, la pregunta a analizar sería ¿qué tan dispuesto está esa persona a verte y a cubrir tus necesidades, dejando de lado las suyas en determinadas circunstancias?
Photo by Jordan Rushton on Pexels.com
  1. Una persona demasiado reactiva o que maltrata a otros: Cuando estamos en proceso de enamorar a otro, inconscientemente intentamos ocultar las partes menos agradables de nosotros mismos, nos mostramos más apacibles, armoniosos y menos tendientes a las reacciones emocionales desagradables que sabemos que podemos llegar a tener. Para algunas personas, estas reacciones van más encaminadas a un llanto desbordado, un enojo silencioso, un momento de tensión o una mirada fruncida; sin embargo, para otros, su temperamento los lleva a expresarse con palabras groseras, agresivas o incluso agresiones físicas, que van desde empujar sutilmente a alguien hasta dar golpes certeros y con intención evidente de herir al otro. Es en estas reacciones emocionales en las que debemos prestar mayor atención porque cuando se acabe el momento de enamoramiento (que ya sabemos que es temporal) seremos nosotros mismos las víctimas de estos impulsos poco racionales. 
  2. Que demuestre comportamientos o intentos de manipulación emocional: Esta es una de las alertas más importantes a tener en cuenta pues la manipulación emocional puede traer daños significativos a la autoestima y energía vital de cualquier ser humano; sin embargo, algunas prácticas de crianza la han estado utilizando como intento de lograr que los niños y las niñas cambien comportamientos que no eran aceptables para sus padres. El problema es que a través de frases como: “Si me quisieras harías esto por mi” o “como hiciste o dejaste de hacer esto no me quieres” estamos dando paso a que a futuro nos sea aceptable de manera natural que cualquier otra persona nos manipule en un intento de aplacarnos, reduciendo nuestra autoestima y que, por tanto, lleguemos a normalizarlas, junto a otras frases como “Mis amigos/familia me dicen cosas sobre ti (que eres un mal ser humano, feo, poco inteligente)”, con las que el fin último siempre será robarnos el amor propio que hemos estado edificando, llevándonos a ocultar nuestra personalidad y poniéndonos siempre en un segundo lugar en la relación de pareja.
  3. No te da paz: En definitiva, es importante hacerle caso a nuestro instinto, pues siempre habrá una parte de nosotros que nos estará avisando cuándo en nuestro cuerpo se produzca un exceso de cortisol, que siendo la hormona que se activa naturalmente ante el estrés, también debería poderse desactivar; sin embargo, cuando vivimos en un ambiente hostil, que nos lleva a la hipervigilancia, esta hormona no podrá reducir sus niveles en nuestro cuerpo, lo que eventualmente nos llevará a enfermarnos física y psicológicamente. Antes de que esto ocurra, trata de pensar por un momento ¿cómo te hace sentir esta persona antes, durante y después de su encuentro? conectar con tus emociones siempre podrá ayudarte a identificar si alguien no te conviene por estar robando tu paz y estabilidad.

Recuerda que puedes seguir este episodio a través de Spotify o de mi canal de Youtube.

¡Hasta pronto Freelover!

Deja un comentario