Reflexión

¿Cómo evitar que el ciclo se repita? Dark y los bucles infinitos en la educación familiar.

Hoy he querido salirme un poco “del libreto” y traer un ejemplo de una serie de ficción llamada Dark, la primera serie original de Netflix en idioma alemán, estrenada el 1 de diciembre de 2017, situada en la ficticia ciudad de Winden (Alemania), cuyo resumen en Wikipedia dice asi: “Dark sigue las secuelas de la desaparición de un niño que expone los secretos y las conexiones ocultas entre cuatro familias mientras desentrañan lentamente una siniestra conspiración de viaje en el tiempo que abarca tres generaciones. A lo largo de la serie, Dark explora las implicaciones existenciales del tiempo y sus efectos sobre la naturaleza humana.”

Pues bien, hasta aquí parece que nos hemos desviado bastante sobre el tema de la educación familiar, pero precisamente he querido traer el ejemplo de Dark para resaltar cómo a veces en nuestra tarea de ser padres y educar a otro ser humano, podemos caer en un ciclo infinito de repetición que nos impide llegar a seguir modelos más adecuados y respetuosos de educación en el hogar.

Hasta hace poco, parecía que la terrible frase “La letra con sangre entra” fue utilizada como guía de referencia para educarnos en latinoamérica durante varias generaciones y solo las nuevas generaciones de padres y madres han ido popularizando significativamente la importancia de la educación respetuosa con nuestros/as hijos/as. Educación que, por cierto, les permite empoderarse, liderar, tomar decisiones y sobre todo, confiar en nosotros como cuidadores desde el primer momento.

Es por esto, que si queremos llegar a activar mejores rutas de atención a las problemáticas que demanda la educación en el hogar hay cuatro pasos que podríamos seguir y que te resumo a continuación:

1. Separar a la persona del acto:

Esto implica evitar utilizar frases como “eres un/a mentiroso/a”, “eres egoísta”, “eres malo/a”, “eres soberbio/a”, etc. que en momentos de enojo podríamos consciente o inconscientemente estar asignando a nuestros/as hijos/as, haciéndolos sentir sin posibilidad de cambio, ya que cambiar nuestro propio ser es una tarea demasiado difícil, a diferencia de cambiar nuestras acciones.

Si podemos desligar a nuestros niños, niñas o adolescentes de los actos que cometen, podremos ayudarles a no enclaustrarse en calificativos negativos y a potenciar su capacidad de mejorar sus acciones. De modo que, en vez de verse como los malos, van a identificarse como seres buenos que en ocasiones actúan mal.

2. Empatizar con la persona:

La empatía es la capacidad que se tiene (o que se puede desarrollar con la práctica) para ponernos en los zapatos de alguien más. Cuando empatizamos podemos entender de dónde ha surgido el error cometido, acercarnos a la persona, comprendiendo la motivación de sus actos, en lugar de alejarnos mediante nuestros juicios de valor.

Si logramos desarrollar esta reflexión a través de la empatía con nuestros/as hijos/as, no solo les estaremos comprendiendo un poco más, mirando a través de sus ojos, sino también estaremos enseñándoles una manera especial de conectar con otras personas y ayudarles a mejorarse a sí mismos/as.

3. Ofrecer oportunidades de mejora, aclarando cuál fue el error:

Ciertamente hemos aprendido que somos seres humanos, que nos equivocamos todo el tiempo y que estamos en una búsqueda constante por hacerlo mejor, pero a veces, no tenemos las herramientas, ni la visión para el cambio, por eso, además de comprender a nuestros/as hijos/as cuando se equivocan, también tenemos la obligación de mostrarles ¿cómo pueden hacerlo mejor la próxima vez?

Al señalarles alternativas en su actuar, lograremos que en una circunstancia similar, a futuro, lleguen a mejorar sus acciones y a reflexionar sobre las mismas para encontrar nuevas oportunidades de elegir mejores comportamientos.

4. Aceptar sus disculpas o ofrecerlas:

Si pensamos que ya lo habíamos hecho todo en el tercer paso, ciertamente nos falta uno más y es permitir que nuestros/as hijos/as reconozcan su error y ofrezcan disculpas e incluso, de ser necesario, resarzan el daño ocasionado con su mal actuar.

De la misma forma, nosotros como sus adultos de referencia más cercana, deberemos ser capaces de ofrecerles nuestras disculpas si llegamos a identificar que hemos actuado de mala manera (independientemente de nuestras razones, ya que, como hemos visto, empatizar no significa justificar, sino entender).

Que ofrecer disculpas se convierta en norma para solucionar conflictos y oportunidad para resarcir el daño causado, es algo que nos ayudará a empezar a salir de ese ciclo infinito de educación inadecuada y a encontrar nuevas maneras de conectar con nuestros niños, niñas y adolescentes a futuro, cambiando así el destino de nuestra educación. 

y tú ¿qué piensas sobre esta reflexión?

Te invito a compartir tus ideas, tras este capítulo y a escucharme a través de Spotify o Youtube

…y recuerda que: «…el fin es el principio y el principio es el fin…»

¡Hasta pronto Freelover!

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